Liderazgo Audaz en un Mundo Relativo

Viviendo y Liderando Saludablemente
Blog sobre realidades y tendencias del liderazgo
Miércoles 19 de Julio, 2017 
   


Un inminente peligro para el liderazgo es sucumbir a la tentación de ser políticamente correcto en todo lo que se diga y haga. Es imposible agradar a todos, pero también es imposible vivir sin creencias firmes, basadas en la verdad.

Uno de los efectos del renacimiento, al pasar de un mundo cuyo centro era Dios a un mundo cuyo centro es el hombre, fue la relativización de la verdad. Pasamos de la verdad absoluta a múltiples verdades, o a una búsqueda individual de la verdad desde la perspectiva humana donde casi todo es válido según las premisas y enfoque que se adopte. El relativismo de Alberto Einstein fue el subproducto moderno, y la tolerancia a toda ambigüedad su expresión postmoderna.

No que la ciencia se halla vuelto imprecisa o poco rigurosa, sino que como dice Kuhn en su estudio de las revoluciones científicas el observador sólo puede ver lo que desea ver, y sus instrumentos de búsqueda son una expresión de ello.

Vemos solamente lo que  hemos sido entrenados o estamos dispuestos a ver con instrumentos que solo permiten descubrir aquello para lo que están diseñados. La ciencia no brinda leyes de verdades absolutas como pretendía Newton, sino acercamientos a una versión de la verdad. Por eso decir, que algo tiene fundamento científico tiene más de aproximación que de certeza.

Explico todo esto porque tanto en el mundo natural como en el sobrenatural hay verdades absolutas que no podemos ignorar por más que lo intentemos. Sin aire moriremos. Sin alimento pereceremos. Sin amor nuestra vida será amarga. Sin cooperación es imposible hacer grandes cosas. Sin perdón viviremos presos emocionalmente.  Estas son algunas verdades absolutas. 

En el mundo espiritual hay también verdades absolutas. La Biblia por ejemplo, es un manual inspirado por Dios para ayudarnos a descubrir quienes somos realmente, nuestro propósito y el plan de Dios para nuestra vida. 


Muchos van a la iglesia, sirven allí, diezman y hasta se dicen cristianos, pero aunque creen en Dios - igual cree el diablo - carecen de convicción en las verdades bíblicas, ya que no viven lo que predican. Como resultado su testimonio está dominado por la duplicidad. 

Creer no basta, necesitamos convicción. Esto no significa fanatismo, ya que el fanático no sabe por qué hace lo que hace, pero quien tiene convicción no necesita hacer desfiles para anunciar aquello contra lo que está, sino que su vida habla como una carta abierta a quien quiera leerla. Vivir con convicción evita que como una bandera nos movamos según el capricho del viento.

EL LÍDER QUE LIDERA TOMA RIESGOS

Un verdadero líder debe elegir a menudo entre complacer a quienes pregonan "lo políticamente correcto" una nueva versión del relativismo según el cual debemos quedar o intentar quedar bien con todo el mundo. El otro camino es adoptar un criterio menos relativo, en el cual adoptamos una posición ética y nos comprometemos con ella, la defendemos y luchamos por ella positivamente, sin que ello implique nunca obligar a nadie a creerla o adoptarla.

Si un líder cree en la palabra de Dios como verdad absoluta se verá enfrentado inexorablemente a la elección  ya citada. ¿Qué hará ese líder? ¿Comprometerá sus creencias por la conveniencia del momento?, ¿Cederá a las presiones de grupos de interés?, ¿Será consumido por el temor al rechazo?. 

Nadie en la historia ha dejado con su liderazgo una huella profunda y positiva sin haberse comprometido con la verdad absoluta de su vida, es decir a vivir íntegramente aquello en lo que éticamente cree. Ello puede enfrentarnos a muchas cosas. 

Pero el doble ánimo, la tibieza y el temor son los principales enemigos del liderazgo audaz. Un dirigente inseguro pactara con la ocurrencia del momento o la moda eclesiástica. No sabe quién es realmente, y se niega aceptar su identidad por ello es vulnerable a que otros definan sus creencias diarias.

Un liderazgo debe afianzarse en creencias firmes. Debemos ser respetuosos de las creencias de los demás pero no podemos ocultar las nuestras por complacer a quienes se oponen a ellas. Solo así tendremos la seguridad interna que produce convicción para vivir con integridad.  

Hasta la próxima,

Juan Carlos Flores Zúñiga
FUNDACION LIDERINNOVA

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